Las preferencias de Tarantino entre sus contemporáneos cambian de escala según la conversación: una lista de década, una selección del siglo o una película a la que vuelve. Paul Thomas Anderson, David Fincher y Richard Linklater ofrecen ejemplos documentados de esa admiración.
Paul Thomas Anderson: admiración que no equivale a aprobación total
En diciembre de 2025, durante su conversación con Bret Easton Ellis sobre el cine del siglo XXI, Tarantino situó Pozos de ambición en el quinto puesto. La cobertura de People y otros medios recogió también sus objeciones a la interpretación de Paul Dano. La combinación muestra que un lugar alto en una selección puede convivir con reservas expresadas de manera tajante.
Esas objeciones son opiniones de Tarantino, no hechos que determinen la calidad del actor. Para comprender su relación con Anderson basta conservar ambas dimensiones: valoró mucho la película y discutió una parte de ella. Reducir la conversación al insulto borraría el reconocimiento; omitir la reserva convertiría el elogio en algo más uniforme de lo que fue.
Pozos de ambición, estrenada en 2007, organiza un conflicto de poder alrededor de Daniel Plainview. El trabajo, la riqueza, la familia y la religión se convierten en territorios de negociación. Las conversaciones pueden funcionar como enfrentamientos en los que cada hombre intenta definir las condiciones bajo las que el otro tendrá que responder.
Como lectura crítica, esa energía verbal ofrece un punto de interés para quien conoce el cine de Tarantino. Sin embargo, Anderson concede a los paisajes, los cuerpos y los silencios un peso que no se reduce a una competición de diálogos. La afinidad permite comparar procedimientos sin convertir a ambos directores en variantes de una misma fórmula.
David Fincher: La red social y una elección situada en el tiempo
El 27 de mayo de 2020, Première publicó que Tarantino había elegido La red social como la mejor película de los años 2010. La afirmación procedía de una entrevista concedida a la revista. Su marco era una década concreta; no debe transformarse en una proclamación sobre todo el cine de la historia.
La película de Fincher, escrita por Aaron Sorkin, convierte la creación de Facebook en un relato de ambición, conflicto y versiones enfrentadas. Los procedimientos legales permiten volver sobre hechos que distintos personajes interpretan de manera incompatible. El público no recibe una biografía neutral, sino una construcción dramática que organiza esas perspectivas.
El ritmo de los diálogos contribuye a la sensación de competencia. Hablar rápido puede ser una forma de obtener ventaja, ocultar una herida o impedir que el interlocutor reformule el problema. La puesta en escena y el montaje hacen que la circulación de palabras tenga consecuencias emocionales, además de transmitir información.
En la selección del siglo XXI comentada con Ellis en diciembre de 2025, Tarantino situó Zodiac en el sexto puesto, según la cobertura del San Francisco Chronicle. Se trata de otro conjunto de películas y de otras condiciones de elección. No hace falta presentar la diferencia como una retractación automática de lo dicho en 2020.
Zodiac propone una relación distinta con la información: investigar puede consumir tiempo sin producir una certeza proporcional al esfuerzo. La comparación con La red social permite apreciar la amplitud de Fincher dentro de una afinidad documentada. Una película acelera los intercambios de poder; la otra puede hacer sentir la duración de una búsqueda que se resiste a cerrarse.
Richard Linklater y el placer de permanecer con los personajes
Dazed and Confused apareció en la selección de Tarantino publicada por L.A. Weekly en agosto de 2009. La elección corresponde a su recorrido por películas estrenadas desde 1992. Es una referencia suficiente para documentar entusiasmo por Linklater sin atribuirle un ranking de toda la carrera del director.
La película de 1993 sigue a varios jóvenes durante el final de un día de instituto y la noche posterior. Su estructura permite desplazarse entre grupos y pequeñas situaciones. La falta de un único objetivo dominante deja que el interés recaiga en la convivencia, las jerarquías sociales y la manera en que cada persona intenta ocupar un lugar.
La música, los coches y los espacios de reunión ayudan a construir una experiencia de tiempo compartido. El espectador puede disfrutar de una conversación aunque no conduzca de inmediato a un gran giro. La película ofrece el placer de reconocer comportamientos y observar cómo cambian cuando alguien entra o sale de un grupo.
El paso del día a la noche modifica también las expectativas: algunas jerarquías escolares persisten y otras se vuelven negociables. La libertad aparente de salir de clase no elimina de inmediato las presiones que los jóvenes ejercen unos sobre otros.
Ese registro amplía el mapa de afinidades. Anderson, Fincher y Linklater no aparecen aquí como competidores a los que Tarantino hubiera asignado una clasificación personal permanente. Sus películas producen experiencias diferentes: confrontación, investigación, velocidad verbal o convivencia. El elogio a una de ellas no necesita implicar una comparación jerárquica entre los tres autores.
Las fechas permiten mantener viva esa diversidad. Una recomendación de 2009 y una selección de 2025 pueden coexistir como momentos de una conversación cinéfila prolongada. Volver a las películas concretas resulta más esclarecedor que convertir las opiniones de un director en un marcador fijo de victorias y derrotas entre sus contemporáneos.
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