El New Beverly no nació como un escaparate de Quentin Tarantino. Su relación con el cine parte de una tradición de repertorio que encontró en él un espectador, un apoyo económico y después un programador.
La sala de Sherman Torgan y la llegada de Tarantino
Sherman Torgan abrió la etapa de repertorio del New Beverly en 1978. Durante décadas sostuvo una programación de sesiones dobles que convirtió la sala en un lugar de encuentro cinéfilo. Tras su muerte en 2007, su hijo Michael continuó el trabajo cotidiano. Esa historia precede a la intervención de Quentin Tarantino y resulta necesaria para entender qué quiso preservar.
Un reportaje de Vanity Fair de febrero de 2010 documentó el apoyo económico del director cuando la sala atravesaba dificultades y la compra del edificio en 2007. La distinción entre proteger el inmueble y dirigir toda la programación evita comprimir un proceso de varios años en un único gesto fundacional. Tarantino no creó de cero la identidad del lugar: intervino sobre una cultura de exhibición que ya conocía como cliente.
En octubre de 2014 empezó una etapa de responsabilidad directa en la programación, inaugurada con un doble dedicado a Paul Mazursky: Bob & Carol & Ted & Alice y Blume in Love. La reapertura después de las reformas se anunció entonces como un acontecimiento concreto, no como el origen absoluto del New Beverly. El pasado del cine siguió formando parte de su presentación pública.
La elección de Mazursky también permite evitar una simplificación. Identificar a Tarantino exclusivamente con violencia, películas de artes marciales o westerns deja fuera parte de su actividad como espectador. Una comedia de relaciones y un relato sobre vínculos sentimentales pueden abrir su programación. La personalidad de una sala surge tanto de esos desplazamientos como de los géneros por los que su programador es más conocido.
Programar significa relacionar películas
La sesión doble propone una lectura mediante proximidad. Dos películas pueden compartir director, actor, asunto o una relación más indirecta. Verlas seguidas permite que la segunda modifique el recuerdo inmediato de la primera. Esa operación diferencia una programación de una simple lista de títulos disponibles: importa la combinación y el tiempo común que se reserva para experimentarla.
Los ejemplos históricos muestran distintos criterios. En marzo de 2011, el mes preparado por Tarantino emparejó Road Games con The Anderson Tapes. La relación no exige que ambas cuenten lo mismo. El espectador puede comparar modos de vigilancia, información y sospecha desde películas con protagonistas y espacios diferentes. Esa comparación es una posibilidad crítica de la sesión, no una explicación del programador que deba inventarse.
Las retrospectivas y los homenajes permiten otro movimiento: reconocer la variedad de una carrera. Un actor puede parecer inseparable de un tipo de personaje hasta que varias películas muestran diferencias de registro. Un director asociado a un título famoso puede revelar otros intereses. El repertorio hace visible esa continuidad sin depender de que cada obra vuelva a competir como estreno comercial.
La sala mantiene un compromiso con la proyección de copias fotoquímicas, incluidos formatos de 35 y 16 milímetros. Para el público, la elección afecta a la experiencia material; para la programación, implica disponibilidad de copias y condiciones de exhibición. El debate general sobre celuloide y cine digital explica sus argumentos, pero aquí importa la consecuencia práctica: el soporte forma parte de la identidad del programa.
La colección privada de Tarantino alimenta ese trabajo junto a otras procedencias. El coleccionismo y la conservación de películas merece una explicación propia; poseer una copia no equivale por sí mismo a restaurar un título ni a controlar sus derechos. En una sala, el valor de la colección aparece cuando permite una experiencia pública que sería más difícil organizar de otro modo.
El intervalo entre dos largometrajes también forma parte de ese diseño: permite comentar una impresión antes de enfrentarse a la siguiente obra y comprobar después qué relaciones se mantienen o se deshacen.
Un archivo de sesiones, no una cartelera perpetua
Los calendarios históricos permiten reconstruir qué se anunció y cómo se agrupaban las películas. Una ficha antigua no garantiza que exista una nueva sesión ni que conserve condiciones de acceso. Para distinguir historia y actualidad, cualquier información sobre entradas, horarios o invitados debe leerse con la fecha de la función correspondiente. El archivo sirve para estudiar la programación; la cartelera vigente sirve para planificar una visita.
El vínculo con The Video Archives Podcast muestra cómo una conversación puede desembocar en una proyección. En septiembre de 2022, el New Beverly anunció un doble de cine filipino con presentaciones de Tarantino y Roger Avary. Ese ejemplo ilustra una circulación entre crítica oral y sala, sin que todos los episodios del podcast deban convertirse en eventos presenciales.
El Vista Theatre desarrolla una función complementaria, con un planteamiento inicial más orientado a estrenos en película. Las identidades de ambos espacios pueden admitir cruces y sesiones especiales. El New Beverly conserva como referencia principal el repertorio y el diálogo entre obras. Sus programas dobles permiten estudiar esa forma de recomendar cine mediante decisiones de exhibición, sin reducir la experiencia a conocer las películas favoritas de su propietario.
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