La expresión placer culpable sugiere que disfrutar de ciertas películas requiere una disculpa. Las preferencias de Tarantino permiten discutir esa idea: puede defender una obra mal recibida, señalar sus defectos y encontrar en ella una experiencia que otros espectadores no comparten.
El llanero solitario: entusiasmo y objeciones en una misma opinión
El llanero solitario apareció en una selección provisional de Tarantino de 2013. En una entrevista con Les Inrockuptibles, traducida por The Playlist el 10 de octubre de aquel año, explicó que apreciaba su comienzo y, especialmente, la secuencia del tren. Al mismo tiempo, criticó la zona central y el tratamiento de la matanza de indígenas.
El ejemplo es útil porque impide presentar su defensa como un entusiasmo ciego. Una película puede ofrecer un momento extraordinario y contener decisiones que incomodan al mismo espectador. La valoración no tiene que reducirse a una etiqueta uniforme. Reconocer una escena lograda tampoco obliga a absolver todos los problemas del conjunto.
La secuencia ferroviaria permite pensar en un placer muy concreto del cine de aventuras: cuerpos y vehículos que deben coordinarse dentro de un espacio en movimiento. El público sigue posiciones, anticipa choques y disfruta de soluciones que parecen imposibles hasta que la imagen las vuelve comprensibles. Ese tipo de invención puede interesar incluso a quien tiene reservas sobre el relato.
La objeción al tratamiento de los indígenas introduce otro plano de juicio. La eficacia de una escena no elimina la posibilidad de cuestionar qué convierte en entretenimiento y desde qué perspectiva lo hace. El comentario de Tarantino muestra que la admiración formal y la crítica de una representación pueden coexistir.
Por eso resulta impreciso resumir su posición como amor al cine objetivamente malo. La palabra objetivamente borra justamente el espacio de discusión. Puede haber errores identificables o decisiones poco convincentes, pero la experiencia de una película no queda agotada por una nota colectiva ni por la cifra de su taquilla.
Kick-Ass 2 y la atención a una propuesta particular
En el mismo intercambio de 2013, Tarantino valoró el enfoque de Jeff Wadlow como guionista y director de Kick-Ass 2. La inclusión del título en sus preferencias no equivalía a recomendar sin reservas toda película de superhéroes. Se refería a una obra particular, con su propio tono y sus propias decisiones.
Kick-Ass 2 trabaja con el choque entre una fantasía de identidad heroica y una realidad que introduce consecuencias físicas y afectivas. Sus cambios de tono pueden resultar atractivos para un espectador y desagradables para otro. La discusión crítica empieza precisamente cuando se intenta explicar ese efecto, en lugar de limitarse a constatar que una parte del público la rechazó.
Defender una película de género no exige fingir que ocupa el mismo lugar que cualquier otra obra. Puede apreciarse una energía, una decisión de interpretación o una manera de combinar registros. El argumento se vuelve más útil cuando nombra esos elementos que cuando presenta el desacuerdo como una prueba automática de superioridad cinéfila.
También hay que conservar la fecha. Una selección provisional de 2013 refleja un momento de visionado y unas películas disponibles hasta entonces. No es necesariamente el balance definitivo del año ni una lista que Tarantino haya mantenido sin cambios. El contexto evita que un entusiasmo circunstancial se transforme en una declaración eterna.
Anything Else y la libertad de no coincidir
Anything Else figuró en la lista de Tarantino publicada por L.A. Weekly en agosto de 2009. La elección permite hablar de una preferencia que suele sorprender, pero no demuestra que la película sea un placer culpable para él. La culpa es una etiqueta añadida por quien considera que ese gusto necesita explicación.
La comedia de Woody Allen, estrenada en 2003, permite observar relaciones marcadas por inseguridad, dependencia y consejos poco fiables. Su efecto depende en buena medida de cuánto disfrute el espectador de permanecer junto a personajes que hablan de sus problemas sin resolverlos con facilidad. Ese placer puede existir aunque la conducta de los protagonistas resulte irritante.
La diferencia entre simpatía y disfrute es relevante para muchas preferencias de Tarantino. Un personaje no necesita ser una persona con la que querríamos convivir para sostener una escena interesante. La precisión de una voz, una situación incómoda o una contradicción pueden volver fértil una presencia desagradable.
La repetición de un consejo que nunca se aplica, por ejemplo, puede construir comicidad a partir del fracaso. La escena interesa porque permite reconocer una conducta, aunque no ofrezca un ejemplo admirable ni una solución que el público deba imitar.
Estas elecciones tampoco convierten al director en un defensor automático de cualquier película despreciada. El gusto a contracorriente puede ser tan mecánico como seguir siempre el consenso. Lo que da interés a una recomendación es la relación concreta con la obra y la capacidad de explicar qué se encuentra en ella.
El llanero solitario, Kick-Ass 2 y Anything Else ofrecen experiencias diferentes, reunidas aquí por el desacuerdo que pueden provocar. Mirarlas no exige adoptar de antemano el juicio de Tarantino. Su utilidad como recomendaciones está en abrir una posibilidad de atención: detenerse en una escena, escuchar un tono o comprobar si un defecto impide realmente todo disfrute.
Consulta la selección de películas recomendadas por Tarantino.
