Across 110th Street en Jackie Brown: apertura y despedida

Across 110th Street, interpretada por Bobby Womack, acompaña la apertura y la despedida de Jackie Brown. La repetición une dos momentos en los que la protagonista se desplaza, pero su situación ha cambiado. Al principio, la música participa en la presentación de una trabajadora a la que todavía no conocemos. Al final, vuelve sobre una mujer cuyas decisiones hemos seguido y cuya marcha incluye una separación. El recuerdo de la primera aparición modifica lo que significa escucharla de nuevo.

La canción procede de la banda sonora de la película homónima de 1972. Tarantino la incorpora a una historia diferente y hace que su regreso tenga una función propia dentro del relato. Su relación con Jackie depende de las imágenes, de la interpretación de Pam Grier y de lo que sabemos cuando llega cada escena. La energía musical puede acompañar tanto la entrada del personaje como una despedida que conserva emociones encontradas. Esa continuidad sonora permite percibir el cambio sin que Jackie tenga que explicarlo mediante otro diálogo.

En Jackie Brown, dirigida por Quentin Tarantino en 1997, Across 110th Street funciona como un punto de comparación entre la primera impresión de la protagonista y la que deja al marcharse. La película conserva una referencia musical reconocible mientras transforma el contexto. El efecto depende de la distancia entre las dos apariciones y de las decisiones que Jackie toma entre ellas.

Bobby Womack, J. J. Johnson y el origen de la canción

La ficha de Bobby Womack publicada por ABKCO sitúa su trabajo para la banda sonora de Across 110th Street en 1972 y confirma que Tarantino empleó el tema en la apertura y el cierre de Jackie Brown. Los créditos de Qobuz atribuyen la composición a Bobby Womack y J. J. Johnson. Rhino también lo incluye en el álbum oficial. Esa edición reúne una selección de la banda sonora de Jackie Brown, donde cada canción adquiere una función distinta.

El origen cinematográfico del tema añade una relación con el cine de los setenta. La grabación llega a Jackie Brown con una identidad anterior y pasa a acompañar a otra protagonista. Ese desplazamiento permite situar la elección junto al homenaje al cine blaxploitation sin convertir toda la escena en una enumeración de referencias. Aquí importa lo que la música hace con Jackie: la presenta, vuelve a ella y permite reconocerla después de su transformación.

La pertenencia de Womack al soul ayuda también a situar la elección musical. Dentro de los usos del soul y el funk en el cine de Tarantino, este caso destaca por concentrar la atención en una misma mujer en dos extremos de la narración. La canción conserva su personalidad como interpretación grabada; el montaje la relaciona con dos experiencias del personaje y permite que ambas queden asociadas en la memoria.

En la apertura: conocer a Jackie antes del conflicto

La canción acompaña a Jackie Brown en el aeropuerto, cuando su uniforme y su desplazamiento la presentan dentro de una rutina laboral. La música le concede presencia antes de que el argumento explique las dificultades de esa vida. El espectador puede interesarse por ella sin disponer todavía de sus antecedentes, sus acuerdos o sus temores. La entrada del personaje tiene así un peso que precede a la información sobre el caso criminal.

Ese orden resulta significativo. Primero conocemos su presencia y después los límites de su situación. La impresión de seguridad que puede producir la presentación convive más adelante con el miedo a perder el empleo y con la presión de quienes quieren utilizarla. Al recordar la apertura, esa seguridad puede entenderse como parte de lo que Jackie es capaz de sostener hacia fuera, incluso cuando tiene motivos para sentirse amenazada.

La música participa en esa primera impresión sin detallar un problema que aún no ha sido expuesto. Su continuidad permite que la atención permanezca en Jackie, mientras el entorno la sitúa en un trabajo. El contraste entre el relieve que le da la película y la posición laboral que ocupa será importante después: el personaje tiene recursos que quienes negocian con ella pueden subestimar. El comienzo prepara ese interés sin adelantar cómo utilizará su inteligencia.

En la despedida: regresar a una mujer que ya conocemos

Cuando la canción vuelve, Jackie deja atrás el encuentro final con Max. La despedida entre Jackie y Max aporta una separación al momento en que ella puede emprender otro camino. La música acompaña su marcha sin resolver esa mezcla en una emoción única. El cambio de vida que ha conseguido y la persona que queda atrás pertenecen a la misma escena.

El espectador dispone ahora de algo que faltaba en la apertura: conoce el esfuerzo necesario para llegar hasta allí. Ha visto a Jackie afrontar presiones, negociar y comprometerse con un plan. Por eso el regreso de la canción puede adquirir un sentido de reconocimiento. La mujer presentada al principio ha demostrado recursos que aquella entrada sólo permitía intuir. La repetición conserva el vínculo con ella mientras hace perceptible la experiencia acumulada.

También cambia la relación entre desplazamiento y decisión. El aeropuerto la situaba dentro del trabajo; al volante, su marcha pertenece al resultado de lo que ha hecho. La canción relaciona esas dos imágenes de movimiento. La continuidad musical permite apreciar que sigue siendo Jackie, con una historia que conserva, aunque ahora pueda elegir algo que al comienzo parecía fuera de su alcance.

La energía del tema admite esa conquista junto a la tristeza de la despedida. La imagen de Grier aporta un matiz personal que impide reducir el final a la celebración de haber ganado. Música y rostro pueden expresar aspectos distintos de un mismo momento. La película termina con esa combinación: la protagonista ha ampliado sus posibilidades y todavía puede sentir el coste de una separación. El regreso musical da forma al cierre sin mostrar ni garantizar su vida posterior.

La voz que acompaña a Jackie pertenece a Womack. Esa separación entre cantante y personaje tiene interés: una interpretación musical ajena puede acercarnos a su experiencia sin convertirse en un monólogo que ella pronuncia. La película deja que el sonido y la imagen colaboren, conservando lo que cada uno aporta. La canción mantiene una voz reconocible y Grier ofrece a esa voz un contexto humano distinto del que tenía en su grabación original.

En la despedida, ese reparto permite que Jackie permanezca en el centro sin añadir una explicación verbal de sus sentimientos. El rostro puede admitir una emoción que la música no tiene por qué describir exactamente. La atención pasa de intentar resolver qué debería sentir a observar cómo conviven las consecuencias de su decisión. La canción sostiene la continuidad del momento mientras la imagen conserva sus matices. Ese espacio para la interpretación resulta especialmente adecuado para alguien que ha dedicado buena parte del relato a elegir qué decir y qué reservarse ante los demás.