El entrenamiento de Kill Bill reunió a intérpretes con experiencias distintas. Uma Thurman tenía que transmitir la seguridad de Beatrix y, en otros momentos, su torpeza como aprendiz. David Carradine afrontaba el papel de Bill con una experiencia previa que debía adaptar a nuevas exigencias. La preparación adquiría sentido cuando cada intérprete podía incorporarla al carácter y al ritmo de su personaje.
Las luchas exigen que una mirada, una pausa y un movimiento pertenezcan a la misma actuación. En el duelo, el adversario parece imprevisible; durante el rodaje, los participantes necesitan entenderse. Esa convivencia entre tensión representada y colaboración permite que el combate avance sin perder la personalidad de quienes pelean.
Los testimonios de Thurman y Carradine describen procesos diferentes, desde adquirir coordinación hasta familiarizarse con recursos de acción cinematográfica. Sus recuerdos también permiten distinguir el trabajo de ensayo de lo que finalmente aparece en pantalla: una preparación extensa podía servir a un momento breve o quedar fuera del montaje.
La preparación física de Kill Bill tenía una dificultad añadida: los movimientos debían funcionar dentro de registros muy distintos. Beatrix puede parecer implacable en una pelea y perder la paciencia durante una lección. La intérprete necesita sostener ambas imágenes. El dominio del movimiento también sirve para representar un error, una vacilación o el esfuerzo por recuperar la compostura.
Uma Thurman: aprender coordinación y seguir incorporando movimientos
En su conversación con Terry Gross para Fresh Air, del 15 de abril de 2008, Thurman atribuyó a Yuen Woo-ping y a su equipo una transformación de su coordinación. Describió un aprendizaje progresivo: cuando conseguía dominar una acción, aparecía otra dificultad. Recordaba además el apoyo de los entrenadores ante su perseverancia. El proceso exigía atención y capacidad de aprender mientras el trabajo continuaba, además de esfuerzo físico.
Su ejemplo más concreto une un salto desde un balcón, la llegada a una mesa y la incorporación posterior de adversarios y movimientos de espada. Para la actriz, el momento de satisfacción por lograr una acción convivía con la necesidad inmediata de integrar algo nuevo. La soltura que transmite Beatrix se construye, así, mediante tareas que primero hubo que aprender por separado.
La anécdota permite entender qué aporta la coordinación de acción de Yuen Woo-ping a la interpretación. Cuando entran más participantes, cambia aquello a lo que debe atender la protagonista. Su actuación necesita seguir siendo legible entre cuerpos y armas en movimiento. La intensidad del personaje depende también de cómo reacciona ante el siguiente adversario: mirar, esperar y retomar la acción forman parte del combate que percibe el espectador.
En la entrevista estadounidense de abril de 2004 difundida por Phase9, Thurman recordó la dificultad de incorporarse a la preparación después de tener un hijo y la importancia que el equipo daba a la disciplina. También relacionó el aprendizaje del kung-fu con las escenas cómicas. El dato ilumina una exigencia particular: una destreza adquirida puede utilizarse para interpretar a alguien que todavía está aprendiendo.
Carradine: un calendario concreto y habilidades nuevas
David Carradine dio cifras precisas a One Guy’s Opinion el 17 de abril de 2004: recordó tres meses de preparación, ocho horas al día y cinco días por semana. Explicó que necesitaba adaptarse al tipo de acción que desarrollaba el equipo, además de aprender trabajo de espada samurái y con cables. Es el calendario que él describió, no una duración acreditada para cada integrante del reparto. En esa conversación situó parte de la preparación en Pekín.
La experiencia anterior de Carradine no eliminaba la necesidad de ensayo. Su relato diferencia conocer movimientos y poder incorporarlos a una escena organizada con otros profesionales. Para Bill, además, el efecto dramático depende de administrar la amenaza. Una acción corta puede resultar convincente si la actitud que la precede ya transmite seguridad. La preparación ayuda a pensar esa continuidad entre el personaje que conversa y el personaje capaz de intervenir físicamente.
Gordon Liu explicó a Ain’t It Cool News en 2003 que Tarantino quería aprovechar sus habilidades previas. Las formas reconocibles de moverse tienen un valor expresivo dentro del homenaje al cine marcial asiático. Una pausa prolongada o la rapidez de una respuesta pueden establecer una diferencia de autoridad entre dos personajes antes de que uno venza al otro. La acción también permite caracterizarlos sin recurrir a una explicación verbal.
Preparar la actuación y trabajar con los compañeros
El entrenamiento de Beatrix con Pai Mei convierte la dificultad física en comedia y conflicto. La alumna intenta preservar su orgullo mientras el maestro impone el ritmo de la escena. Desde la actuación, eso obliga a conservar dos tiempos: el movimiento que se está ejecutando y la reacción de frustración que lo acompaña. Un fallo interpretado debe llegar en el momento adecuado para que el público entienda la relación entre ambos.
El trabajo compartido también atraviesa la batalla multitudinaria. Thurman recordó en Fresh Air que muchos integrantes del equipo de acción aparecían como miembros de los 88 Locos. El trabajo de los especialistas participa, por tanto, en la imagen de los adversarios que rodean a Beatrix. Cada reacción contribuye a que el ataque parezca tener consecuencias. La protagonista necesita un entorno que responda a su actuación para que la sucesión de encuentros conserve fuerza.
El ensayo podía producir material que después no ocupaba el lugar esperado en la película. Carradine expresó a One Guy’s Opinion su pesar por la retirada de acción preparada, aunque terminó valorando el resultado dramático. Hannah contó a Phase9 en 2004 que disfrutó entrenando con cables, aunque finalmente no los utilizó.
El caso de Bill permite observar una decisión de forma: la duración de su enfrentamiento no mide la cantidad de trabajo invertido en prepararlo. El personaje concentra gran parte de su presencia en la conversación y en la espera. Una exhibición física prolongada habría distribuido de otro modo esa presencia y habría cambiado la relación entre su autoridad verbal y su capacidad de actuar.
Para el intérprete existe, por ello, una diferencia entre el repertorio disponible al terminar los ensayos y la actuación que organiza la película. El montaje decide cuánto pesa cada recurso. La satisfacción por haber aprendido una secuencia y la utilidad de conservarla en el relato son valoraciones distintas.
