La cinefilia marcial de Tarantino distingue directores, estrellas y formas de combate. Su entusiasmo por Wang Yu ofrece un punto de entrada especialmente claro.
Una selección con una fuente concreta
El ensayo Wang Yu: Superstar! Super Director!, publicado por Quentin Tarantino en el New Beverly el 23 de abril de 2020, ofrece una selección reconocible dentro del cine de artes marciales. Allí reivindica The One-Armed Swordsman y destaca cuatro películas dirigidas por Wang Yu: The Chinese Boxer, Beach of the War Gods, The One-Armed Boxer y Master of the Flying Guillotine. El texto permite organizar un recorrido; no constituye una clasificación universal de todo el cine asiático.
La distinción entre tradiciones ayuda a orientarse. Una historia de espadachines, un combate a puñetazos y una aventura de poderes casi fantásticos pueden compartir intérpretes o públicos sin funcionar del mismo modo. Cambian la distancia entre adversarios, el valor de los objetos y las expectativas de verosimilitud. La guía sobre chambara, wuxia y cine marcial desarrolla ese marco. Aquí interesa cómo elegir películas que hagan visibles las diferencias.
Conviene además identificar las obras por su título original o por variantes suficientemente conocidas. Las distribuciones internacionales han cambiado nombres y han acercado comercialmente películas distintas. The One-Armed Swordsman y The One-Armed Boxer no son dos títulos intercambiables para una misma obra. Reconocer cuál se está viendo evita confundir la continuidad de una imagen estelar con una continuidad literal de personajes y argumentos.
De la espada a los puños: tres formas de organizar la acción
The One-Armed Swordsman, dirigida por Chang Cheh en 1967 para Shaw Brothers, ofrece un protagonista cuya capacidad de combatir debe reconstruirse después de una mutilación. La limitación corporal modifica su relación con la disciplina y con los demás. No basta con observar quién gana cada enfrentamiento: importa cómo una forma de luchar se convierte en la expresión de una identidad que ha tenido que rehacerse.
La película permite atender al vínculo entre humillación y aprendizaje. El héroe no posee desde el principio una solución lista para cada amenaza. El tiempo que necesita para adaptarse concede valor al movimiento posterior. Un gesto puede resultar emocionante porque recuerda una dificultad anterior, no únicamente porque sea rápido o espectacular. Esa memoria del esfuerzo transforma la coreografía en una parte del relato.
The Chinese Boxer, de 1970, coloca a Wang Yu también detrás de la cámara. El combate sin espada cambia la percepción del riesgo: la distancia se acorta y el impacto parece depender más directamente del cuerpo. El escenario sigue siendo fundamental. Una habitación llena de adversarios ofrece entradas, obstáculos y posibilidades de distribución que deben poder leerse mientras la acción avanza. La claridad del espacio hace que un enfrentamiento numeroso conserve tensión.
Beach of the War Gods, de 1973, amplía la escala hacia una confrontación colectiva. La pregunta deja de ser solamente cómo responde un luchador a su rival y pasa a incluir la organización de un grupo y la defensa de un lugar. Para el espectador, el interés está en alternar la visión del conjunto con la presencia individual. Si se pierde cualquiera de las dos, la batalla puede volverse abstracta o fragmentarse en episodios sin relación.
La guillotina volante y el lugar de Bruce Lee
The One-Armed Boxer y Master of the Flying Guillotine permiten acercarse a una vertiente más extravagante. Los adversarios se reconocen por capacidades, armas y apariencias muy diferenciadas. La emoción procede en parte de descubrir qué reglas particulares introduce cada encuentro. El combate se parece entonces a un problema que exige una solución específica: repetir una técnica no garantiza que funcione frente a un enemigo construido de otra manera.
En su ensayo de 2020, Tarantino expresa especial afecto por Master of the Flying Guillotine, aunque distingue ese cariño de una evaluación impecable de su construcción narrativa. También elogia la escena del dojo de Bruce Lee en Fist of Fury, mientras formula reservas severas sobre Lee como director de Way of the Dragon. Su posición no equivale, por tanto, a recomendar sin matices toda la filmografía de una estrella.
Fist of Fury, dirigida por Lo Wei en 1972, es una incorporación útil a este recorrido por la importancia que concede a la presencia de Lee. La postura, la espera y la atención al adversario forman parte de la acción tanto como el golpe. Un actor puede modificar el ritmo de una secuencia antes de moverse: el público observa qué mira, cuánto tarda en responder y qué relación establece con el espacio que lo rodea.
Un arma también modifica el tiempo de respuesta disponible: su alcance obliga al rival a calcular cuándo acercarse.
Para una primera sesión doble, The One-Armed Swordsman y The Chinese Boxer permiten contrastar espada y puños; esa propuesta de orden es editorial, no una instrucción de Tarantino. Después, la guillotina volante abre una vía más fantástica. Las historias de organizaciones criminales pertenecen a otro recorrido, el del cine de yakuza. Mantener esas diferencias hace más rica la selección y evita que cualquier película asiática con violencia termine reunida bajo una misma etiqueta.
Consulta la selección de recomendaciones de Tarantino por género.
