Blaxploitation recomendado por Tarantino: Coffy y The Mack

Dos películas de 1973 ofrecen entradas muy diferentes al cine afroamericano popular de los setenta y a las preferencias de Tarantino.

Dos títulos avalados, sin completar una lista imaginaria

Coffy y The Mack aparecen en la selección de clásicos grindhouse que Quentin Tarantino entregó a Sebastian Haselbeck durante el rodaje de Malditos bastardos. The Grindhouse Cinema Database publicó aquel documento, que sitúa ambas películas entre sus preferencias. La inclusión permite proponerlas como puntos de entrada concretos. No convierte automáticamente cualquier título del ciclo blaxploitation en una recomendación personal del cineasta.

Las dos se estrenaron en 1973, pero persiguen efectos distintos. Coffy, dirigida por Jack Hill, sigue a una mujer que se enfrenta a un entramado de drogas y corrupción. The Mack, de Michael Campus, observa el ascenso de un proxeneta y las relaciones de poder que lo rodean. La diferencia entre una venganza y una historia de ascenso criminal afecta al tipo de identificación que cada película propone.

El término blaxploitation reúne obras que ampliaron la presencia de protagonistas negros en el cine comercial, aunque sus condiciones de producción y sus posiciones políticas no fueran uniformes. La historia y reivindicación del blaxploitation ofrece ese contexto. Para elegir una película, conviene conservar también las diferencias de argumento, género y perspectiva que una etiqueta amplia puede ocultar.

Coffy: iniciativa, disfraces y corrupción

Pam Grier interpreta a una enfermera que utiliza su capacidad de observar y representar distintos papeles para entrar en espacios peligrosos. El interés de la película no depende únicamente de verla imponerse por la fuerza. Parte de la tensión surge cuando debe permitir que los demás formen una impresión equivocada de ella. El espectador conoce su propósito y espera el momento en que esa diferencia de información se vuelva decisiva.

La corrupción conecta ámbitos que al principio podrían parecer separados. La imagen pública de una persona no garantiza que sus intereses sean distintos de los de un delincuente abiertamente reconocido. Ese descubrimiento modifica el alcance de la represalia. El problema no se limita a eliminar una amenaza localizada: hay relaciones que protegen y reproducen la violencia, y algunas se presentan con signos de respetabilidad.

Para el visionado resulta útil prestar atención a los cambios de conducta de la protagonista. Cómo entra en una habitación, cuándo decide hablar y qué deja que otro crea son acciones dramáticas. La violencia aparece dentro de una estrategia, aunque esa estrategia también pueda fracasar o volverse dolorosa. Grier sostiene la continuidad del personaje mientras cambia de registro y mientras el relato combina provocación, suspense y estallidos físicos.

La película plantea asimismo tensiones sobre la representación de su heroína. Su iniciativa convive con una puesta en escena que explota comercialmente su cuerpo. Reconocer esa coexistencia permite apreciarla sin fingir que todos sus elementos apuntan en una dirección emancipadora uniforme. La importancia de una protagonista no vuelve innecesaria la pregunta sobre cómo se la mira; al contrario, hace esa pregunta más precisa.

The Mack: éxito, explotación y pertenencia

En The Mack, Max Julien interpreta a Goldie, cuyo ascenso obliga a observar el éxito como una relación con otros. La ropa, el dinero y los espacios de exhibición vuelven visible una posición social. El personaje necesita ser reconocido, y esa necesidad forma parte de su actividad. El poder no reside solo en lo que posee, sino en conseguir que los demás lo vean como alguien que lo posee.

La película ofrece así una experiencia diferente de la de Coffy. El protagonista participa en una economía de explotación, aunque la narración pueda concederle atractivo, humor o capacidad de resistencia frente a otros poderes. La cercanía con un personaje criminal no equivale necesariamente a una aprobación de su actividad. Tampoco basta con invocar esa diferencia para dejar de examinar cómo la película distribuye simpatía y sufrimiento.

Las relaciones con la familia y la comunidad introducen criterios de valor que no siempre coinciden con el dinero. Un ascenso puede parecer una victoria desde una perspectiva y una pérdida desde otra. Esa fricción da interés al relato cuando permite ver qué vínculos se transforman a medida que aumenta el reconocimiento público del protagonista. El éxito no es una cantidad neutra: cambia quién puede pedirle algo y a quién decide escuchar.

La indumentaria permite afinar la comparación. En Coffy puede funcionar como recurso de infiltración; en Goldie, como exhibición de una posición alcanzada. Vestirse implica intervenir en lo que otros creen saber del personaje.

Ver las dos películas permite comparar una heroína que infiltra un sistema para combatirlo con un protagonista que intenta ganar posición dentro de un mundo criminal. El orden de la sesión puede elegirse según el interés por la acción o por el relato de ascenso; no existe una secuencia obligatoria dictada por Tarantino. Sus elecciones documentadas abren un recorrido por las películas originales. La relación posterior con el homenaje al blaxploitation en Jackie Brown pertenece a otra discusión, que no debe sustituir la atención a estas obras y a los públicos para los que fueron realizadas.

Consulta la selección de recomendaciones de Tarantino por género.