Bill en Kill Bill: poder, celos y paternidad

Bill, interpretado por David Carradine, dirige el escuadrón Víbora Mortífera y es el principal antagonista de Kill Bill. Su relación con Beatrix reúne tres posiciones que terminan enfrentadas: ha sido su jefe, su amante y el padre de su hija B.B. El ataque que ordena contra ella convierte esos vínculos anteriores en el origen de la venganza.

Su poder depende de algo más que la capacidad de combatir. Bill dispone de contactos, facilita el acceso a maestros y sabe conducir una conversación. Puede mostrarse paciente, atento y afectuoso mientras conserva la iniciativa sobre lo que otra persona debe hacer. Esa combinación permite entender tanto la atracción que ejerció sobre Beatrix como el peligro de seguir bajo su autoridad.

El personaje también cuida de B.B. La paternidad introduce gestos cotidianos que amplían su retrato, pero no resuelve el conflicto con la madre de la niña. Bill es capaz de establecer una relación cariñosa y, al mismo tiempo, intentar decidir qué vida le corresponde a quien quiere separarse de él.

Bill ejerce su autoridad desde una posición de familiaridad. Conoce las capacidades de sus asesinos y parte de sus historias personales; sabe qué decirles para obtener atención o provocar una respuesta. Esa cercanía le permite intervenir como consejero incluso cuando la decisión que pretende imponer beneficia principalmente a sus propios intereses.

Un mentor que administra el acceso al conocimiento

Su relación con Beatrix incluye una ayuda efectiva. El vínculo previo de Bill con Pai Mei le permite presentarla al maestro y advertirle sobre las condiciones del aprendizaje. Bill conoce a la persona ante la que la deja y prepara ese encuentro. Para ella, aceptar su orientación abre una posibilidad de formación que tendrá consecuencias mucho después.

Ese papel ofrece una base concreta para su paternalismo. Bill puede recordar lo que ha enseñado, a quién ha presentado y qué sabe sobre la capacidad de Beatrix. El problema aparece cuando transforma esa experiencia en una autoridad permanente sobre sus decisiones. Haber contribuido a su formación no le concede el derecho a mantenerla a su servicio.

Su pasado también se conoce a través de Esteban Vihaio, una de sus figuras paternas. Beatrix recurre a él para encontrarlo, de modo que la relación anterior de Bill con otras personas sigue teniendo efectos en el presente. El jefe pertenece a una red de vínculos que facilita su influencia, pero que también permite a su adversaria acercarse a él.

La película reserva su destreza marcial para una intervención breve. Durante gran parte del relato vemos antes el alcance de sus decisiones: otros personajes actúan, informan o interrumpen lo que estaban haciendo porque él interviene. La capacidad de provocar esas acciones sostiene su posición de jefe antes de que tenga que defenderla personalmente.

Los celos y la pretensión de decidir por Beatrix

En el encuentro anterior a la masacre de la capilla, Bill encuentra a Beatrix preparando un matrimonio y una vida fuera de su entorno. La situación le demuestra que ella ha tomado decisiones que no cuentan con él. Durante la conversación puede mantener la cortesía y escuchar sus explicaciones; después participa en el ataque contra la misma mujer. El cambio obliga a valorar sus actos además de la amabilidad con la que se presenta.

En el cuestionario de Buena Vista International de abril de 2004, reproducido por Phase9, Tarantino situó la relación amorosa entre Bill y Beatrix en el origen del conflicto. Ese pasado compartido explica que sus conversaciones conserven intimidad incluso cuando están enfrentados. La cercanía no significa que ambos quieran volver a la relación que tuvieron.

Los celos de Bill aparecen ligados a una pérdida de control: Beatrix puede elegir otra pareja, otra ocupación y un futuro en el que él no ocupa el centro. La violencia responde a esa separación con una decisión suya. Su sentimiento de abandono ayuda a comprender cómo se justifica, pero no convierte el ataque en una reacción inevitable.

La misma pretensión reaparece cuando intenta definir quién es ella. El monólogo sobre Superman le permite presentar la condición de asesina como una identidad de la que Beatrix no podría desprenderse. En boca de Bill, conocer su talento se vuelve un argumento para negar valor a la vida que desea elegir. La comparación expresa su posición interesada dentro de la discusión.

El diálogo con Budd introduce otra perspectiva sobre la responsabilidad del grupo. Su hermano reconoce motivos para la represalia de Beatrix. Esa observación deja de tratarla únicamente como una amenaza que llega desde fuera y recuerda el daño anterior. Bill debe enfrentarse a las consecuencias de una agresión en la que tuvo la iniciativa.

La paternidad no elimina su forma de ejercer el poder

Con B.B., Bill comparte juegos, comida y conversaciones que muestran una relación cotidiana. No se limita a utilizar el nombre de su hija en un argumento: la niña se relaciona con él como con un padre presente. Esa familiaridad modifica la percepción del antagonista al situarlo en una casa y en una rutina de cuidado.

Para Beatrix, encontrar ese vínculo supone descubrir una parte de la vida de su hija que ha transcurrido sin ella. Bill ocupa una posición de ventaja porque conoce una historia familiar que la madre todavía debe reconstruir. El encuentro exige atender a la niña al mismo tiempo que sigue pendiente el conflicto entre los adultos.

Cuando se quedan solos, el empleo del suero de la verdad, una sustancia ficticia, muestra hasta dónde pretende controlar la conversación. Bill impone las condiciones bajo las que Beatrix debe responder. La calma con la que pregunta no vuelve voluntario el interrogatorio: la cercanía emocional convive con una acción coercitiva dirigida contra ella.

En el final de Kill Bill Vol. 2, sus distintas relaciones con Beatrix siguen presentes. Puede reconocerla, mostrar afecto y resultar vulnerable sin dejar de ser responsable de lo que hizo. El retrato conserva esas facetas juntas. Comprender por qué ella estuvo unida a Bill permite medir lo que supone separarse de él, además de vencer al jefe del que había dependido.

David Carradine contó a K. J. Doughton, en Nitrate Online, que Tarantino lo animó a apoyarse en su propia presencia, sin elaborar un personaje como acostumbraba a hacer. El actor relacionaba ese enfoque con la forma en que el director conocía sus interpretaciones anteriores. Su testimonio ayuda a situar una decisión interpretativa: Bill no necesita anunciar continuamente su peligrosidad mediante un gesto enfático.

Carradine también explicó que la presentación del personaje debía acumular una expectativa de crueldad antes de mostrar a alguien capaz de resultar agradable. El intervalo entre ambas impresiones importa: cuando Bill aparece de forma más cercana, el espectador ya conoce las consecuencias de sus órdenes. La actuación puede añadir atractivo sin borrar esa información.

La cortesía del personaje obliga así a escuchar el contenido de cada intervención. Una advertencia, un recuerdo o una confidencia pueden establecer intimidad y sostener una exigencia. La eficacia de Carradine está en permitir que esas funciones compartan el mismo tono.