El final de Kill Bill Vol. 2 concluye con la muerte de Bill y con Beatrix junto a su hija B.B. La aparición de la niña transforma el último encuentro: Beatrix encuentra una posibilidad de vida que creía perdida precisamente en la casa del hombre al que ha ido a matar. A partir de ese momento, la venganza comparte espacio con una relación familiar que todavía necesita comprender.
La conversación con Bill enfrenta dos formas de entender a Beatrix. Él utiliza a Superman para defender que su identidad de asesina es permanente y que una existencia doméstica sería una representación. Ella quiere decidir qué lugar ocuparán su pasado y la maternidad en su vida. El argumento de Bill forma parte de esa disputa entre los personajes.
El desenlace reúne la preparación con Pai Mei, una técnica mortal ficticia y una despedida afectuosa entre adversarios. Su fuerza está en que Beatrix puede sentir algo por Bill y, al mismo tiempo, mantener su decisión de acabar con él. La película resuelve el enfrentamiento sin convertir esa cercanía en una reconciliación de pareja.
El reencuentro con B.B. cambia la visita
En Kill Bill Vol. 2, dirigida por Quentin Tarantino en 2004, Beatrix descubre al llegar a casa de Bill que B.B. sigue viva. La niña introduce una urgencia diferente dentro de la misión. El objetivo al que Beatrix ha dedicado su recorrido sigue delante de ella, pero ahora también está allí alguien con quien quiere quedarse.
El juego de bienvenida presenta una violencia fingida dentro de la convivencia familiar. Para Beatrix, que llega desde una cadena de enfrentamientos reales, participar exige cambiar de actitud de inmediato. El reencuentro de Beatrix y B.B. permite que la película altere el ritmo sin abandonar el conflicto: la atención a la hija aplaza el ajuste de cuentas y hace más difícil reducirlo a un duelo entre enemigos.
También cambia la presentación de Bill. Su trato cariñoso con B.B. incorpora una capacidad de cuidado al personaje que organizó el ataque contra Beatrix. Ambas facetas permanecen juntas durante el encuentro. Para ella, la cuestión ya incluye la relación de su hija con ese padre; para el espectador, el antagonista adquiere una intimidad que complica la satisfacción esperada ante su derrota.
Tarantino explicó en el cuestionario de Buena Vista International de abril de 2004, reproducido por Phase9, que quería cumplir la promesa de matar a Bill y sorprender con el sentimiento que produciría ese momento. La situación familiar prepara ese efecto. El afecto entre los personajes hace doloroso un resultado hacia el que la historia lleva avanzando desde el principio.
Bill utiliza a Superman para hablar de Beatrix
Bill presenta a Superman como un ser cuya identidad auténtica precede al disfraz de Clark Kent. Traslada esa idea a Beatrix: considera que su condición de asesina define quién es, incluso cuando intenta vivir de otra manera. El monólogo sobre Superman le sirve para atribuirse autoridad sobre su identidad. Conocer sus capacidades se convierte, en su razonamiento, en una razón para decidir qué vida le corresponde.
La presencia del suero de la verdad de Bill, una sustancia ficticia, refuerza el carácter de interrogatorio de la conversación. Bill pretende controlar tanto las preguntas como las condiciones de respuesta. Su tono pausado puede hacer que la charla parezca un intercambio entre personas que se conocen profundamente, aunque la iniciativa siga marcada por su voluntad de obtener explicaciones.
El deseo de Beatrix de vivir para su hija introduce un problema en ese razonamiento. Haber sido una asesina excepcional no responde por sí solo a la pregunta de si debe continuar a disposición de Bill. La conversación permite leer su enfrentamiento como una disputa por el derecho a cambiar. Beatrix conserva lo aprendido, pero reclama la posibilidad de emplear su vida en algo que él no ha elegido.
David Carradine contó a K. J. Doughton, en Nitrate Online, que una conversación con Tarantino sobre Superman durante la preparación del rodaje acabó incorporada al guion. También recordó sucesivas revisiones del monólogo. Ese trabajo desemboca en un parlamento que permite a Bill desplegar encanto y seguridad mientras intenta imponer una explicación sobre la mujer que tiene delante.
Los cinco pasos y el cierre de la venganza
El combate final es breve. Beatrix recurre a la técnica del corazón explosivo de los cinco puntos, vinculada a Pai Mei. El entrenamiento y la leyenda que la película ha introducido antes preparan esta resolución. La destreza de Beatrix adquiere una consecuencia decisiva: el conocimiento que Bill asociaba a su antigua alumna contiene algo que él no dominaba.
Bill da cinco pasos y cae muerto. La regla pertenece a la fantasía marcial de la película; Tarantino la describió como tal al explicar su procedencia cinematográfica en el cuestionario de 2004.
La pausa entre el ataque y la caída concede a la despedida un lugar propio. Ya no queda un combate largo que ganar. Beatrix y Bill deben afrontar lo que acaba de suceder mientras todavía pueden hablarse. La cercanía de ese momento conserva el vínculo que hubo entre ellos sin borrar la responsabilidad de Bill ni detener el desenlace.
Después, el llanto de Beatrix y su regreso junto a B.B. permiten leer el cierre como una descarga de tensión y la recuperación de un vínculo. En su cuestionario de lanzamiento, también reproducido por Phase9, Uma Thurman destacó que la segunda parte revela aquello por lo que su personaje puede vivir. Esa posibilidad concreta amplía el resultado para Beatrix Kiddo: su hija está con ella y la venganza ha terminado.
La interpretación de Carradine resulta decisiva para que el último encuentro sostenga tanta conversación. Charles Taylor, en su crítica de Salon del 16 de abril de 2004, destacó su sentido del ritmo al hablar y la conexión interpretativa con Thurman. La seguridad de Bill hace que sus argumentos puedan escucharse como confidencias, incluso cuando está intentando dominar la situación. El encanto del personaje exige valorar lo que dice además de dejarse llevar por la manera en que lo dice.
Esa atención a la voz cambia también la escala del enfrentamiento. La película dedica tiempo a que sus dos protagonistas se observen, respondan y se reconozcan; la confrontación permite percibir su familiaridad antes de resolver el peligro. Un villano puramente distante habría producido otra despedida. Aquí resulta posible comprender por qué Beatrix estuvo unida a Bill sin concluir que deba volver con él. La actuación sostiene esa cercanía incómoda hasta el momento en que los personajes ya no pueden seguir compartiendo la escena.
