Morricone en Los ocho odiosos: una partitura de sospecha y un Óscar

La partitura de Ennio Morricone da a Los ocho odiosos una amenaza persistente que se acerca al terror. Su presencia convive con canciones y música anterior, de modo que el conjunto no puede reducirse a una única grabación original.

Una colaboración original con un lenguaje propio

Ennio Morricone compuso la partitura original de Los ocho odiosos y ganó por ella el Óscar a mejor música original en la ceremonia de 2016. Fue su primer premio competitivo de la Academia; ya había recibido un Óscar honorífico en 2007. La distinción evita presentar el reconocimiento como si fuera el primer contacto de la institución con su trayectoria. El premio de 2016 correspondía a una película y a un trabajo concreto, después de una carrera ampliamente reconocida.

La colaboración amplió una relación en la que Tarantino había utilizado numerosas composiciones anteriores de Morricone. También existía una aportación original del compositor a Django desencadenado. Por eso resulta más preciso hablar aquí de una partitura original extensa para el director que afirmar que nunca había escrito antes una sola pieza para una película suya. El desarrollo de la relación entre Morricone y Tarantino permite situar esos antecedentes sin confundir selección de catálogo y encargo nuevo.

La promoción destacó el regreso de Morricone al western después de muchas décadas. Algunas cifras difundidas fueron imprecisas y omitieron trabajos posteriores a sus títulos más famosos con Sergio Leone. La importancia de Los ocho odiosos no depende de fijar ese intervalo en treinta y cinco o cuarenta años. El propio compositor insistió en que buscaba un carácter distinto del que podía esperarse a partir de su reputación en el género.

En entrevistas de 2015 describió una gran libertad de composición a partir del guion y de una conversación con Tarantino. La música no se concibió como una imitación de los temas que el público ya asociaba a duelos y cabalgadas. Su registro grave, sus repeticiones y sus tensiones prolongadas resultan adecuados para una historia donde el peligro consiste en esperar junto a personas que pueden estar mintiendo. La amenaza necesita durar antes de encontrar una acción visible.

El peso de la orquesta y la duración de la espera

L'Ultima Diligenza di Red Rock concentra una parte de esa identidad. El uso de instrumentos graves de viento y el crecimiento de la textura producen una marcha inquietante, menos asociada a la expansión heroica que a un avance del que resulta difícil escapar. La diligencia se mueve por el paisaje, pero la música puede sugerir que cada desplazamiento acerca a los personajes a una situación cerrada. Esa lectura procede de la relación entre ritmo, imagen y expectativa.

Las piezas reunidas bajo el título Neve ofrecen otra dimensión de la atmósfera. La nieve no funciona únicamente como decoración invernal: separa a los viajeros del mundo y limita sus opciones. La música puede prolongar esa presión incluso cuando la imagen se concentra en una conversación interior. No necesita representar literalmente cada ráfaga. Su trabajo consiste en dar continuidad emocional a un peligro que el diálogo intenta a veces disimular mediante humor o formalidad.

La obertura adquiere un lugar particular en las versiones Roadshow de la película. Escuchar música antes de que empiece la acción visual establece una relación con el tiempo distinta de la entrada inmediata en una escena. El público recibe una promesa de inquietud y debe esperar su encarnación. Las oberturas orquestales convierten así la presentación en parte de la experiencia narrativa, aunque todavía no expliquen qué personaje merece confianza.

La grabación principal se realizó con la Orquesta Sinfónica Nacional Checa en Praga. Esa formación no debe confundirse con otras orquestas de nombre parecido ni con todas las sesiones promocionales posteriores. El proceso de grabación de la banda sonora tiene su propio recorrido. Para el análisis del film basta reconocer que la escritura orquestal y su interpretación producen una materia que después se selecciona y coloca dentro del montaje.

Música nueva, materiales anteriores y canciones

La película incorpora también composiciones de Morricone asociadas a The Thing. Su presencia conecta el western con un repertorio de terror, pero no significa que toda la partitura nueva proceda de descartes de 1982. El conjunto reúne materiales de distinta fecha. La unidad percibida en la película depende de cómo se utilizan, de las transiciones y de su relación con el sonido y con la duración de las escenas.

Las canciones abren otros registros. Apple Blossom, de The White Stripes, introduce una voz y una textura ajenas al siglo en que transcurre la acción. La canción tradicional Jim Jones at Botany Bay, interpretada por Daisy dentro de la mercería, pertenece en cambio a una actuación que los demás personajes pueden escuchar. Ambas son música presente en el film, pero su relación con el mundo narrativo es distinta: una acompaña desde fuera y la otra se convierte en un acto del personaje.

También aparece Now You're All Alone, de David Hess, que no es una composición de Morricone ni la música de la lectura final de la carta. Esa escena se asocia a La Lettera di Lincoln, mientras Roy Orbison participa en los créditos con There Won't Be Many Coming Home. La identificación correcta importa porque cada pieza aporta una voz histórica y un efecto diferentes. El álbum comercial reúne composiciones, canciones y fragmentos de diálogo, y su orden no sustituye un mapa exacto de la película.

El Óscar reconoce la partitura original dentro de ese conjunto heterogéneo. La fuerza del trabajo de Morricone reside en proporcionar una identidad de espera, sospecha y amenaza capaz de convivir con las elecciones musicales del director. El resultado no pide admirar únicamente un regreso al western. Permite escuchar cómo un compositor asociado a una tradición puede escribir para una habitación cerrada, unos rostros que se estudian y un paisaje que ha dejado de ofrecer salida.

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