Bestiality: la música de La cosa recuperada en Los ocho odiosos

Bestiality pertenece al material que Morricone escribió para La cosa. Su reutilización conecta dos mundos de aislamiento y sospecha, pero la escena de Smithers requiere distinguir música de piano y partitura.

Una composición anterior al western

La editorial musical Wise Music identifica Bestiality como música de Ennio Morricone procedente de La cosa, la película de John Carpenter de 1982. Su utilización en Los ocho odiosos no la convierte en una composición escrita originalmente para Tarantino. El crédito debe conservar esa procedencia, aunque algunas grabaciones posteriores la presenten asociada al título del western.

La distinción entre composición y grabación resulta importante. Una interpretación de concierto o una nueva edición puede llevar la referencia a Los ocho odiosos porque esa película ha dado otra vida a la pieza. Eso no significa que sea la misma toma empleada en la mezcla cinematográfica ni que su fecha de publicación sea la fecha de creación de la música.

El álbum comercial de Decca tampoco contiene toda la música que se escucha en el film. La ausencia de Bestiality de su lista principal no invalida su presencia acreditada en la película. El disco selecciona y organiza materiales; no constituye un inventario completo de cada intervención sonora.

El monólogo de Warren no debe recibir una etiqueta automática

La atribución de Bestiality al monólogo de Warren dirigido a Smithers no queda suficientemente respaldada por la documentación de ubicaciones consultada. En esa secuencia es reconocible la intervención de Bob al piano con Noche de paz. Las guías de música sitúan Bestiality en momentos de violencia posteriores, entre ellos las consecuencias del café envenenado. No conviene sustituir esa distinción por una asociación basada solamente en el título de la pieza.

El error resulta tentador porque el relato de Warren es cruel y el nombre Bestiality parece describirlo. Sin embargo, la adecuación semántica no demuestra una sincronización. Un título puede sugerir una escena al lector sin que la música correspondiente suene allí. La identificación debe partir de los créditos y de la mezcla, no de la coincidencia entre una palabra y un contenido perturbador.

El piano del interior cumple además una función diferente de una música que los personajes no oyen. Su presencia comparte el espacio con la conversación y puede hacer más incómoda la convivencia entre una melodía reconocible y lo que Warren cuenta. Confundir ambas capas borra una diferencia central en la construcción sonora de la escena.

Un vínculo entre encierros que no exige monstruos iguales

La procedencia de La cosa favorece una comparación entre grupos aislados que no saben en quién confiar. El préstamo musical puede activar esa memoria para quien reconoce la fuente. Quien no la conoce puede experimentar igualmente su tensión. La eficacia del material no depende de superar una prueba de cultura cinematográfica.

La semejanza tampoco vuelve idénticos los peligros. El western no necesita un organismo extraterrestre para que el refugio resulte inseguro. Sus ocupantes pueden mentir, actuar juntos en secreto y utilizar las necesidades cotidianas de los demás. La música recuperada participa en ese desplazamiento desde una amenaza de otra naturaleza hacia una violencia humana organizada.

Bestiality debe entenderse, por tanto, como una pieza anterior reutilizada dentro de una banda sonora que combina música nueva y materiales existentes. La identificación de su origen es firme; la ubicación concreta exige cuidado. Mantener esa diferencia permite estudiar la relación con el terror sin atribuir al monólogo de Warren una composición solo porque su título parece describirlo.

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