Alien y Star Trek: la ciencia ficción que comenta Tarantino

El entusiasmo inmediato y la reconsideración tardía ofrecen dos maneras distintas de acercarse a la ciencia ficción como espectador.

Dos opiniones concretas sobre películas de 1979

En Five Things, la conversación con Lynn Hirschberg recogida por W en abril de 2020, Quentin Tarantino recordó Alien como un acontecimiento que conservaba su fuerza. Sobre Star Trek: The Motion Picture, explicó un cambio: varias decepciones dieron paso a una mayor apreciación al revisarla con su esposa. Son valoraciones diferentes, no dos elogios idénticos.

La segunda referencia corresponde a la película dirigida por Robert Wise en 1979. No debe confundirse con el largometraje de J. J. Abrams de 2009 ni con la franquicia entera. Una opinión sobre una entrega concreta no permite reconstruir automáticamente las preferencias de un espectador respecto de todas las demás. Del mismo modo, el elogio de Alien no demuestra por sí solo una posición determinada sobre cualquier otra obra de Ridley Scott.

Estas dos películas bastan para organizar una sesión con contrastes claros. Ambas llevan a seres humanos hacia una experiencia que excede su comprensión, pero administran de manera muy diferente la espera, la tecnología y el encuentro con lo desconocido. El comentario de Tarantino sirve como entrada; la comparación siguiente atiende a lo que muestran las películas, sin presentarlo como una explicación suya de cada decisión formal.

Alien: un lugar de trabajo convertido en amenaza

La nave de Alien posee una materialidad reconocible antes de que aparezca el peligro principal. Sus ocupantes trabajan, discuten condiciones y conviven dentro de un espacio que no parece diseñado exclusivamente para la aventura heroica. Esa dimensión cotidiana facilita la identificación: el entorno puede ser extraordinario, pero las tensiones entre compañeros y la diferencia de responsabilidades resultan familiares.

La irrupción de una amenaza transforma nuestra manera de mirar ese mismo lugar. Un pasillo deja de ser solo un recorrido y se convierte en una posibilidad de ataque. Una abertura o una superficie oscura adquieren importancia porque no sabemos qué pueden ocultar. La película aprovecha la información parcial para hacer que el espacio conocido parezca progresivamente menos controlable.

La tecnología tampoco garantiza seguridad. Disponer de sistemas de información no significa recibir siempre una respuesta suficiente ni comprender los intereses que organizan una misión. Esa distancia entre capacidad técnica y confianza introduce una inquietud distinta de la persecución física. Los personajes pueden depender de instrumentos cuya lógica no coincide plenamente con sus necesidades de supervivencia.

La combinación de ciencia ficción y terror funciona porque los dos componentes afectan al mismo problema. El organismo desconocido amenaza los cuerpos, mientras las condiciones de la expedición determinan qué opciones existen para enfrentarlo. No se trata de colocar un monstruo en un decorado futurista indiferente. El aislamiento, las normas de acceso y las relaciones de autoridad hacen que el peligro tenga una forma específica.

Durante el visionado conviene atender a la duración de las acciones sencillas. Caminar, esperar una respuesta o comprobar un lugar pueden exigir más tiempo del que desearíamos. Esa demora obliga a compartir la incertidumbre de los personajes. La película obtiene tensión tanto de lo que muestra como del intervalo en el que todavía no sabemos qué vamos a ver.

Star Trek: The Motion Picture y el tiempo de la exploración

La película de Robert Wise propone otro ritmo. El acercamiento a una presencia desconocida y la contemplación de su escala forman parte central del espectáculo. Para un espectador que espera una sucesión rápida de incidentes, esa duración puede parecer un obstáculo. Si se acepta la exploración como experiencia en sí misma, el tiempo dedicado a observar pasa a tener otra función.

La Enterprise también es un espacio de trabajo, pero la puesta en escena organiza una relación diferente con sus procedimientos. La coordinación de la tripulación y la lectura de señales permiten convertir lo incomprensible en un problema compartido. El relato concede peso a la pregunta por la comunicación: comprender qué se tiene delante puede resultar más decisivo que responder de inmediato mediante la fuerza.

El encuentro sitúa además a la tecnología frente a cuestiones de identidad y deseo. Una inteligencia puede poseer una capacidad extraordinaria y, sin embargo, no entender el sentido de su propia búsqueda. Esa combinación desplaza la tensión desde la mera superioridad material hacia los límites de la experiencia. Saber mucho y comprender lo que falta no son necesariamente la misma cosa.

La comparación con Alien permite ver cómo cambia el valor de la espera. En una película, prolongar un trayecto puede aumentar el miedo a un ataque. En la otra, prolongar la aproximación puede hacer sensible una escala que todavía no sabemos interpretar. Ambas requieren administrar lo desconocido, pero una favorece la vulnerabilidad física y la otra concede mayor espacio al asombro y a la investigación.

El cambio de opinión que Tarantino relató sobre Star Trek: The Motion Picture también invita a distinguir una película de las expectativas con las que llegamos a ella. Revisar una obra no obliga a terminar admirándola, aunque sí puede permitir reconocer mejor la experiencia que propone. En esta doble sesión, el contraste entre el terror del encierro y la contemplación del encuentro ofrece un recorrido más preciso que una lista genérica de títulos supuestamente aprobados por el director.

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