La canción de apertura de Kill Bill: Vol. 1 es Bang Bang (My Baby Shot Me Down), interpretada por Nancy Sinatra. La grabación se publicó en 1966 y pertenece al álbum How Does That Grab You?. En la película entra después del disparo que cierra el prólogo, cuando aparecen los títulos iniciales sobre fondo negro.
Ese lugar determina su efecto. El espectador acaba de presenciar una agresión y todavía conoce muy poco de la mujer herida. La voz de Sinatra y una guitarra de sonido oscilante ocupan entonces el espacio que ha dejado la imagen. La apertura permite escuchar durante unos momentos las consecuencias emocionales de la violencia antes de continuar con la acción.
La elección de esta versión también tiene una historia concreta. Sonny Bono escribió la canción y Cher la grabó antes que Sinatra, dentro del mismo año. Tarantino llegó a considerar aquella primera interpretación para su película. El cambio hacia Nancy importa porque conserva la composición, pero transforma su presentación mediante una voz contenida y un acompañamiento reducido.
La relación entre Bang Bang y Kill Bill se construye mediante el montaje de una grabación anterior. El tema llega con su propia interpretación, su sonido y su duración. La película le proporciona una situación desde la que escucharlo: una agresión cuya historia todavía está por explicarse.
La versión de 1966 y la elección de Tarantino
La biografía oficial de Nancy Sinatra y el catálogo de Light in the Attic sitúan la canción en How Does That Grab You?, su segundo álbum. Acreditan la composición a Sonny Bono y distinguen el acompañamiento orquestal de Cher del dúo que forman Sinatra y el guitarrista Billy Strange. La versión utilizada en el filme es esa interpretación de Nancy.
Tarantino explicó el recorrido de su elección a Dylan Callaghan, de The Hollywood Reporter, en una entrevista de 2003 reproducida por Screenwriter’s Utopia. Mientras trabajaba con Uma Thurman en Pulp Fiction, ya imaginaba Bang Bang para los créditos de su proyecto, pero pensaba en Cher. Más adelante escuchó el segundo álbum de Sinatra y prefirió su manera de cantar. Su testimonio sitúa la decisión en una comparación entre grabaciones, no en el encargo de un tema nuevo para el rodaje.
La diferencia afecta a la relación con la protagonista. La música puede acompañar a Beatrix Kiddo desde una cercanía que depende de la voz y de cómo se sostiene cada frase. El volumen de la instrumentación y el espacio alrededor del canto cambian la manera de recibir una misma composición, incluso antes de relacionarla con las imágenes.
Billy Strange y el diálogo entre guitarra y voz
El acompañamiento tiene un responsable identificable. En la entrevista por correo que Jan Derrer publicó en Lost & Sound en 2008, Billy Strange explicó que tocó lo que le parecía adecuado y que a Nancy le gustó el resultado. Según su recuerdo, ambos grabaron juntos, sin añadir después otras interpretaciones sobre aquella toma. La sencillez del sonido procede de una interacción entre dos músicos.
Strange también confirmó el uso de un efecto de trémolo. Esa oscilación en la intensidad hace que la guitarra parezca palpitar mientras las notas se prolongan. El efecto mantiene actividad dentro de un acompañamiento lento: aunque el canto se detenga entre frases, el sonido conserva una vibración regular. Se crea así una inquietud que puede persistir sin necesidad de aumentar el volumen.
La voz ocupa el primer plano con poco sonido alrededor. Sinatra no necesita imponerse sobre una sección de percusión o un conjunto orquestal; se perciben los finales de las frases y el tiempo que deja entre ellas. La interpretación transmite contención. Su tristeza se desarrolla en la manera de pronunciar y sostener las palabras, con una cercanía adecuada para escucharla después del primer plano del rostro herido.
La guitarra tampoco es un fondo uniforme. Sus figuras enlazan unos momentos del canto con otros y hacen perceptibles los intervalos entre entradas de la voz. Esa relación evita que la austeridad se convierta en inmovilidad. Hay dos líneas de atención: lo que canta Sinatra y la respuesta instrumental que mantiene la continuidad cuando ella calla.
Después del disparo: una pausa sobre fondo negro
El prólogo presenta el rostro de Beatrix en blanco y negro, su respiración y la voz de Bill. El disparo termina esa situación. Cuando suena la canción, la imagen narrativa ha dado paso a los títulos. El tema acompaña la huella que deja el ataque, en lugar de seguir cada gesto de la agresión mientras ocurre.
La diferencia entre el plano monocromo y los créditos sobre negro es relevante. El uso del blanco y negro todavía permite observar el daño en un rostro; el fondo de los títulos retira ese cuerpo de la vista. La voz cantada ocupa entonces una parte mayor de nuestra atención, mientras conservamos en la memoria la imagen que acaba de desaparecer.
La secuencia tampoco presenta un aparato que reproduzca el disco para los personajes. La canción organiza la experiencia del espectador durante los créditos. Por eso puede sugerir pérdida e intimidad herida sin convertirse en una declaración pronunciada por Beatrix. La afinidad emocional entre voz e imagen permite acercarlas sin que la cantante tenga que representar literalmente al personaje.
La apertura prepara así una espera entre el daño y la respuesta. Las canciones de apertura en el cine de Tarantino pueden orientar lo que esperamos del relato antes de conocer sus antecedentes. Aquí, el ritmo contenido concede tiempo a la conmoción: durante los títulos, la agresión permanece pendiente y la película todavía no muestra cómo va a responder la mujer que hemos visto.
Nancy Sinatra añadió un aspecto de producción a esta asociación cuando habló con Jessica Lipsky para GRAMMY.com, el 14 de septiembre de 2022. Explicó que ser propietaria de la grabación había facilitado su utilización por Tarantino, porque este no tuvo que enfrentarse a una discográfica para incorporarla. Su comentario se refiere al control de aquella interpretación grabada, una cuestión distinta de la autoría de la composición. La canción podía tener una nueva vida cinematográfica a partir de un registro que la cantante conservaba.
En la misma entrevista recordó mensajes de personas que habían escuchado la banda sonora sin reconocerla y descubrieron su nombre al ver el crédito. Ese recuerdo ofrece un ejemplo concreto de cómo una película puede conducir hacia una intérprete. El nombre permite buscar la grabación fuera del relato y escucharla de nuevo en otro contexto. Para esos oyentes, identificar a quien cantaba fue parte del descubrimiento, además de la impresión que les había producido la música.
