Pedro Almodóvar según Tarantino: Matador y una admiración documentada

La admiración de Quentin Tarantino por Pedro Almodóvar está documentada en declaraciones separadas por años. Matador ocupa un lugar visible en esa afinidad, mientras La mala educación fue su elección destacada en San Sebastián en 2009.

Dos declaraciones que no forman un ranking único

El 18 de septiembre de 2009, EFE informó desde el Festival de San Sebastián de los elogios de Tarantino a Almodóvar. El estadounidense lo situaba entre los grandes cineastas de las dos décadas anteriores y eligió La mala educación como su mejor película. La declaración corresponde a una filmografía que todavía no incluía obras posteriores como Julieta o Dolor y gloria; no debe leerse como una valoración que ya las hubiera tenido en cuenta.

En abril de 2023, entrevistado por Jacinto Antón en El País, Tarantino explicó su entusiasmo por Matador. Subrayó que apreciaba mucho la película, sin asegurar que fuera la mejor de Almodóvar, y relacionó su impacto con una libertad expresiva que echaba en falta en Hollywood durante los ochenta. El comentario describe un encuentro de espectador con una obra concreta.

Ambas declaraciones permiten hablar de una admiración sostenida. No autorizan a inventar una lista completa de preferencias ni a atribuirle la misma intensidad de entusiasmo por cada largometraje del español. También evitan una falsa contradicción: señalar una película como favorita en una ocasión no impide valorar en otra los logros particulares de una obra diferente.

Qué ofrece Matador a esa mirada cinéfila

Matador, de 1986, cruza el universo taurino con el deseo y la muerte. Su disposición a acercar imágenes de violencia y excitación sexual puede incomodar porque no ofrece al espectador una distancia estable desde la que mirar. El comentario de Tarantino sobre su audacia se entiende en ese territorio, donde la provocación surge de cómo se combinan elementos y del lugar que se concede al público ante ellos.

La película también altera el tono con el que presenta situaciones extremas. Un personaje puede vivir una experiencia como tragedia mientras el entorno introduce algo grotesco o cómico. Esa convivencia dificulta fijar una única respuesta emocional. Como análisis de la obra, permite observar por qué sería reductivo describirla solo como un thriller o solo como una comedia negra.

La mirada ocupa un lugar decisivo en esa combinación. Los personajes pueden observar un cuerpo, una imagen o un gesto como si contuviera una promesa que otra persona no percibe. El deseo modifica lo que consideran significativo. La puesta en escena permite que el espectador reconozca esa intensidad sin tener que compartirla, y la distancia entre ambas posiciones alimenta parte de la incomodidad de Matador.

El interés de la comparación con Tarantino está en esa libertad tonal. Ambos cines pueden hacer que el espectador pase de la risa a una sensación incómoda sin anunciar formalmente el cambio. Se trata de una afinidad que puede estudiarse en las películas; no prueba que cada solución del estadounidense proceda de Almodóvar ni que Matador explique por sí sola su estilo.

También hay diferencias que conviene preservar. El mundo de Almodóvar organiza deseo, identidad, relaciones familiares y representación mediante preocupaciones propias. Reducirlo a una colección de imágenes extremas aprovechables por otro director desplaza el centro de sus películas. Su trabajo no necesita convertirse en un antecedente de Pulp Fiction para tener interés en esta conversación.

La mala educación y la construcción de una historia

La película de 2004 añade otra dimensión a la afinidad: la dificultad de separar un recuerdo, un texto y la versión que alguien quiere imponer de su pasado. Los personajes no ofrecen al espectador la misma información al mismo tiempo. Un relato puede funcionar como confesión, como instrumento de seducción o como medio para conseguir algo del interlocutor.

Ese funcionamiento hace que la narración tenga consecuencias dentro de la propia acción. Contar una historia no equivale a detener la película para explicar antecedentes; modifica relaciones entre personajes y obliga a revisar lo que se creía saber. Es una observación sobre su estructura, no la reproducción de un argumento detallado que Tarantino hubiera dado en la breve declaración de 2009.

La presencia del cine dentro del relato añade otra capa: representar algo permite cambiar nombres, distribuir papeles y decidir qué quedará visible. La reconstrucción puede conservar una experiencia y deformarla al mismo tiempo. Esa ambivalencia distingue el interés narrativo de La mala educación de una simple colección de sorpresas; cada versión tiene un efecto sobre quienes intentan controlar su pasado o beneficiarse de él.

La admiración entre autores resulta más interesante cuando conserva esas diferencias de escala. Una noticia registra una preferencia; una entrevista permite precisar un motivo; el análisis de las películas puede explorar conexiones adicionales, siempre que se presente como lectura crítica. Mezclar esos niveles atribuiría al cineasta comentarios que pertenecen a quien está escribiendo sobre él.

Almodóvar aparece así como un interlocutor cinematográfico cuya obra Tarantino ha valorado públicamente, con ejemplos y fechas que pueden identificarse. Matador permite hablar de audacia y mezcla de tonos; La mala educación, de una elección expresada en un festival. Ninguna de las dos referencias exige construir una supuesta jerarquía definitiva ni una historia de amistad privada que esas declaraciones no documentan.

Consulta la selección de cineastas y actores admirados por Tarantino.